Diario · Reflexiones
Frecuencias, colores y por qué la cocina debería escuchar más
30 marzo 2026 · Por Enaitz
Letapithekus llegó a Bilborock por tercera vez la semana pasada. No es un proyecto fácil de defender en un texto: hay que estar ahí, oler la cocina mientras suena la música, ver cómo cambia el sabor de un plato según qué frecuencia esté entrando por los altavoces.
Pero hay algo que sí se puede contar.
La cocina escucha poco
En las cocinas profesionales, el ruido es una constante: extractores, batidoras, gritos. Nadie se plantea que esa banda sonora cambia lo que sale del fogón.
Cuando Leta y yo empezamos a montar este proyecto, lo primero que probamos fue cocinar la misma receta — un pil-pil — con tres pistas distintas de fondo. Una grabación de mar, una pieza de cuerda compuesta por él, y silencio absoluto. El pil-pil del silencio no se montó bien. Cargado de prejuicios al respecto, hicimos doble ciega con tres compañeros, y lo cantaron.
No tengo una explicación científica. Tengo una intuición: que el ritmo al que mueves la mano dentro del puchero importa, y que ese ritmo viene del exterior.
El plato como partitura
Lo que hacemos en Letapithekus es invertir esa lógica: en vez de cocinar con música de fondo, componemos la música a partir del plato. Cada elaboración tiene su pieza, escrita ad hoc, que se escucha en mesa antes y durante el bocado.
No es sinestesia. No es romanticismo. Es que cuando comes algo escuchando una pieza pensada para ese sabor, la cabeza ordena la información de otra manera.
La próxima
En septiembre, en una bodega submarina de la que no puedo dar detalles aún. Si te interesa, escríbeme y te aviso cuando se abran las plazas.
Sigue cocinando
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